El paisaje en el arte en general y mi obra en particular 

El paisaje ha constituido todo un género no solo estilístico sino conceptual en la historia del arte. Sin abundar en detalles ni extendernos demasiado, podemos decir que ha sido objeto de la pintura romántica (Siglo XIX), del “airelibrismo” (Siglo XIX e inicios del XX), de la figuración sintetizada (primera mitad del Siglo XX), de visiones más abstractas producidas por el accidente acuoso y expresivo (segunda mitad del Siglo XX), así como de los movimientos artísticos conceptuales. Artistas pictóricos como Courbet han relacionado en su obra la problemática social con el paisaje, intentando traducir en éste las costumbres, las ideas y la apariencia de la época representada. Cien años más tarde, también Helen Frankenthaler aborda como objeto de su obra el motivo del paisaje a través de la mancha expresiva, derramando el pigmento directamente en la tela cruda y extendida sobre el suelo, dejando atrás el tradicional caballete para subrayar la materialidad del pigmento y del soporte. Ya entrado el Siglo XXI, debemos mencionar a Ólafur Eliasson que trabaja con la instalación, interviniendo el paisaje mediante materiales como la luz o el agua con el fin de sorprender y modificar la percepción del espectador. El paisaje y sus referentes vinculados (animales, producción rural, llanura, horizonte, etc.) han sido tema en el desarrollo de mis estudios en arte. En los comienzos, este motivo fue abordado desde una perspectiva más descriptiva y luego pasó a formar parte de otro tipo de representaciones en las que prevalece cierta idea propia a esa temática, pero desde un enfoque que excede lo meramente icónico. 

Se verifica en mi producción artística, entonces, una progresión que va desde aspectos meramente visuales o ilusionistas (especialmente en la representación de la vaca) hasta cuestiones mucho más abarcativas y pluridimensionales vinculadas con la condición de vida del hombre de campo, la situación de aislamiento, la escasa comunicación, etc. Esta perspectiva, más subjetiva, me conduce a tratar el referente desencadenante de un modo diferente. Así, los animales (vacas) no se abordan ya desde su relación con la cadena productiva y el ámbito natural en donde están, sino a partir de la propia experiencia en el medio rural, las condiciones de vida, las evocaciones de infancia, el rol paternal, los mandatos familiares, etc. Esto determinó el modo particular de configurar la obra: según modos más elusivos, abiertos e inespecíficos; era preciso que la misma diera cuenta de esa interrelación simbólica y memorial entre el campo y la propia vivencia. Esto fue así porque mi relación con el campo tiene que ver con el pasado y en ese sentido me enfrenté con lo que Ticio Escobar 3 llama “la imposibilidad de representatividad” y que se refiere a traspasar el límite de lo representable porque, en mi caso en particular, se trataba de trabajar con el escenario de mis recuerdos de niñez y juventud. Encontré la manera de hacerlo desplazándome de la referencia y los soportes tradicionales e incorporando materiales tan extraños a las razones del “paisaje de campo” como la iluminación o los acrílicos transparentes. De este modo, la progresión en mi obra en su relación con la temática del paisaje de campo comprende un arco que va desde la pintura ilusionista (en los comienzos del proceso de producción de obra), hasta la conformación de objetos lumínicos y su extensión al objeto instalado (desarrollados según diferentes etapas de producción y de formación extrauniversitaria y universitaria).